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Una historia de amor (novela por entregas)


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Hola, he estado pensando en hacer un pequeño relato, por entregas, sobre una historia de amor fantástica. Aquí os dejo el primer capítulo (si os gusta, prometo escribir mas).

 

 

Capítulo 1: Un romance a primera vista

 

- Otra mañana más perdida, maldito coche, quién me mandaría a mi heredar el viejo coche de mi padre. Este Seat Ritmo es una chatarra andante, no encuentro piezas en ningún sitio, ¿me puedes ayudar?

- Claro, Busca en Internet. si no encuentras nada, cerca de Pontedeume hay un desguace enorme, allí seguro que tienen recambios. Si yo fuese tu me desharía de esa tartana, no te da más que gastos...

Aquellas palabras de mi amigo Iago retumbaron en mi conciencia, tenía razón, pero era el coche de mi infancia, aún sentía algo por él, aquellos viajes a la playa, aquellos veranos inolvidables, mis primeros pinitos al volante, mi primera vez con una chica... tantos y tantos recuerdos en ese coche al que ahora empezaba a odiar.

Llegó el fin de semana, era una mañana gris de sábado. Desayuné rápidamente con mi novia, me despedí de ella con un beso. Ella no entendía porqué me pasaba mañanas y tardes arreglando aquel coche que para ella era un montón de óxido. siempre me decía que me comprase otro y me olvidase de ese maldito Ritmo.

Recogí a Iago en su casa y salimos los dos hacia el desguace. Al llegar allí, los dos nos metimos entre aquella enorme marea de lo que para muchos eran hierros viejos, buscando algún Ritmo que donase un alternador para el mío.

De pronto algo me sorprendió en mi búsqueda. Me giré de pronto, como si alguien me observase. Allí estaba, en una esquina, destrozado pero en buen estado, corrí hacia donde estaba. Empecé a llamar a mi amigo a gritos, cuando vino, no entendía que pasaba.

- ¿Has encontrado un Ritmo?

- No, pero mira eso.

- Si, muy bonito. Pero seguro que es muy caro. Tras decir eso se giró y se fue.

Tiene que ser mío, dije mirándolo fijamente. Era el coche de mis sueños. No podía creerme que un Shelby GT500 del 1968 acabara en un desguace de pueblo. Tenía que ser mío.

Empecé a mirarlo por todos los lados, estaba completo, en buen estado, aunque necesitaba mucho trabajo. Cuando abrí el capó me sorprendió aún más ver la caja del filtro de aire "428 Cobra Jet" , ¡era una versión especial, la KR! el Rey de la Carretera.

Llamé al jefe del desguace le pregunté por aquél coche, ¿cuanto valdría? La respuesta fue rápida y sorprendente: por esa "chatarra yanqui" pedía 500 euros, nadie lo quería, hasta ese momento en que yo me dejé seducir por él.

En ese momento se me abrió el cielo, arreglé rápidamente los papeles de la transferencia bancaria y llamé a una grúa. Mi amigo no dejaba de repetirme que mi novia iba a matarme. Me daba todo igual, el coche de mis sueños por fin sería mío. Necesitaría muchísimo trabajo, y como el Ritmo, era un hierro viejo. Mientras lo subían a la grúa, el coche parecía dedicarme una sonrisa y darme las gracias. Con la emoción del momento, olvidé lo que realmente buscaba.

Mi novia se extrañó al verme llegar del desguace con una grúa, cuando bajamos el coche, ella empezó a chillar.

- ¿Cuánto has pagado por esa basura?

- 500 euros cariño, era una ganga.

-¿Ganga? ¿estás borracho? te has comprado ese amasijo de hierros, que hay que arreglar de principio a fin y en el que te dejarás más dinero que en un coche nuevo... Tú estás rematadamente loco.

Aquellas palabras no me afectaron, seguía mirando a aquel coche, me faltó tiempo para llevarlo al garaje y empezar a trabajar en él. Mi chica parecía haberse tranquilizado, me conocía y sabía que era un loco de los coches. Se acercó a mí mientras desmontaba el amortiguador delantero izquierdo, tocándome en un hombro me dijo con dulzura:

- Amor, ¿no tienes pensado irte a la cama?

- ¿qué hora es?

- son las tres de la madrugada.

- Voy enseguida.

- Y antes dúchate, no quiero que te me acerques con esas manos llenas de grasa.

Me duché y me metí en cama. Ella empezó a recriminarme porqué había comprado aquella anticualla. había soñado con aquel coche desde que ví un poster en el taller de la esquina de mi barrio siendo niño. Aquel coche con una serpiente en la calandra frontal me marcó para siempre. No sería el coche más bello del mundo, ni el mas rápido, pero era mi favorito. Entonces ella se giró, puso su cabeza sobre mi hombro, notaba su respiración en el pecho, la rodeé con mi brazo derecho y jugué con un mechón de su larga melena rubia. antes de dormirme me susurró al oído: no parece muy bonito, pero seguro que cuando lo repares quedará precioso. Eres como un niño grande -al decir eso empezó a reír-. Me dió un beso y le deseé buenas noches.

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Capítulo 2: En las entrañas de la bestia.

 

Habían pasado semanas desde que el Shelby había llegado a casa. Tras desmontarlo me sorprendió gratamente no encontrar ningún foco de óxido y los desperfectos eran fácilmente reparables. La carrocería la llevé al taller de confianza, allí repararían todo desperfecto y le darían una nueva pintura. Estuve semanas buscando piezas en internet. Los carburadores Edelbrock de tres cuerpos llegaron desde Tennessee, los relojes del interior de Nueva York, los nuevos anagramas y logos desde Las Vegas, el volante desde California, los amortiguadores desde Texas, las llantas desde Alabama... Tenía el motor casi reconstruído, me pasaba todo el día en el garaje reparando aquel coloso de ocho cilindros en V, que lucía con orgullo un "Made with pride in the USA". Mi chica estaba continuamente de uñas conmigo. Que si por tu culpa huelen las sábanas a gasolina, que si lávate esas manos grasientas, que si quieres más al coche que a mí...

Era un domingo, estaba trasteando con el motor, ya instalado en el vano, estaba apretando las barras de torretas, que la propia Shelby denominaba "Montecarlo" y "Export" cuando mi novia apareció en el garaje, me dijo:

- Recuerda que hoy tenemos cena con Carmen y Javi, tenemos que ir, y no empieces a ser otra vez un borde con él, me prometiste que irías.

- El borde es él, siempre anda intentando gobernar mi vida...

- Por favor, hazlo por mí -dijo poniendo una cara de morros-

- Bueno, lo intentaré...

Tras decirme eso se quedó mirando el coche, aún estaba sobre cuatro caballetes, le quedaba mucho trabajo aún.

- Está quedando precioso, no parece aquel montón de chatarra que trajiste, el motor brilla tanto que parece nuevecito... ¡Es enorme!

- Sí, es el típico motor yanqui, un V8. Tiene mucha cilindrada, más de 7000 centímetros cúbicos, casi 500 Cv...

- ¿7000 centímetros cúbicos?, ¿cuántos tiene mi coche?

- 1900

- Dios mío, menuda bestia...

Mientras decía eso seguía pensando cómo aquella joya con caja de cambios manual -algo muy raro- pudo acabar abandonado en un desguace. Termine de apretar las barras y subí a cambiarme. Me duché y cambié rápidamente, aún tuve que esperar un rato por mi chica. Iríamos en su coche, ese Golf TDi que tiene desde que se licenció. Odiaba ir en él, no por el coche, sino por ir en el asiento del acompañante. Llegamos a la cena, nos estaban esperando. Me bajé a abrirle la puerta a mi novia y de repente Javi empezó a ser el mismo de siempre: Bueno, me alegro de que te hayas deshecho de aquella pota vieja, dijo riendo. Imbécil, pensé, pero un codazo de mi chica impidió que de mi boca saliese un insulto. La cena fue agradable, aunque acabó pronto, al día siguiente tenía que ir a trabajar, aunque estuve ausente absorto en mi Shelby. Ese lunes tenía una importante reunión en el trabajo, lo que también me tenía bastante distraído.

A la mañana siguiente me desperté antes que mi chica, ella aún dormía, me duché y me vestí en silencio. Ella se despertó, me acerqué a ella y le dí un beso:

- Hasta la tarde princesa, que tengas buen día en el trabajo.

- Igualmente amor, suerte en la reunión.

Desde hacía mucho tiempo entraba a mi empresa desde el ascensor del párking,ahora entraba por la puerta principal y se me hacía raro. Saludé al portero y cogí el ascensor hasta mi despacho, en la quinta planta. Al poco de llegar al despacho, alguien decidió entrar sin llamar. Como siempre el imbécil del jefe:

- Anda, no ví tu coche en el párking, qué raro...

- Sí, me he deshecho de él...

- Por fin, ¿cuál vas a comprar?

- cualquiera menos un Mercedes, dije con una sonrisa maliciosa. Odiaba a mi jefe, nadie podía ser más incompetente. Si hiciesen una oposición para tontos, llevaría una mención de honor. Siempre presumiendo de su maldito Clase E, odiaba más al coche que a su conductor.

- Bueno, tenemos reunión a las cuatro.

- Lo sé, gracias. Ahora tengo que trabajar...

Hasta la comida el trabajo era el de siempre, monótono. Después de comer me dirigí con tranquilidad a la sala de reuniones. El jefe estaba presumiendo, cómo siempre.

Nos sentamos, el director empezó a hablar. De pronto el jefe decidió ser más listo que nadie y volvió a meter la pata hasta el fondo, decidí callarme.

- De usted quería hablar, señor Méndez, más bien de su gestión...

- Y bien, dijo el jefe con cara de satisfacción.

- Yo quitaría esa sonrisa de satisfacción, en los años que lleva usted aquí nunca hemos perdido tantos pleitos y dinero. Es un incompetente y esta empresa está harta de usted. Lo siento pero va a ser apartado de su cargo. El señor Díaz ocupará a partir de ahora su puesto como director de la asesoría jurídica de esta empresa.

No podía creer lo que estaba pasando, la empresa que me contrató tras licenciarme en Derecho como alumno en prácticas ahora me nombraba director de departamento, estaría por encima del que se creía mi mentor.

Salí de la empresa, miré mi móvil y entraba una llamada:

- Dime cariño

- Esta mañana ha llegado el radiador para el coche, desde Houston y también el pomo de la palanca de cambios.

- Muy bien...

- ¿Qué tal tu reunión?

- Bien, bien, me han ascendido. Ahora soy director de la asesoría jurídica de la empresa.

- ¿¿¿¡¡¡Cómo!!!??? Ay dios míos, enhorabuena...

- te dejo, se me acaba la batería del teléfono. Un beso.

- Adiós, te quiero, un beso.

El camino de vuelta a casa se me hizo eterno. Al abrir la puerta ella estaba esperándome, al verme corrió hacia mi, me rodeó el cuello y me besó. Por una vez, desde que el Shelby estaba en casa, decidí dedicarle una noche a mi chica y no al coche. Ella la necesitaba, la había olvidado durante semanas y se la merecía.

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sinceramente me alegro de que os guste. Mis compañeros de residencia están enganchados. Me han dicho que abra un blog, como ha hecho el chico del 911 -mi inspirador y autor de un relato realmente emotivo y de mayor calidad que el mío-. sinceramente no creo que esté tan bien hecho el mío como para un blog. Os avanzo que hasta dentro de dos semanas no podré escribir más, pero el título del tercer capítulo será: "La picadura de la cobra".

Un saludo y gracias por vuestros comentarios

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Capítulo 3: La picadura de la Cobra

 

Aquella mañana volví a despertarme antes que mi chica, no mucho antes, ya que ella lo hizo unos dos minutos después que yo. Al despertar, sonrió y me dijo:

- ¿Cómo está el director de departamento más guapo del mundo? ¿Durmió bien?

- No tengo ni idea, yo al menos estoy bien y he dormido de maravilla, jajaja.

Era una mañana de martes, saldría al mediodía y comería con ella en casa. Ella los martes sólo tenía que impartir clases en la Universidad por la mañana, a los de primero y tercero, y atender una hora de tutorías. Tras la ducha y el desayuno, me dio el maletín diciendo:

- Toma y vete ya, que llegarás tarde en tu primer día como director...

- Sí mamá -dije riendo-. ¿Nos vemos a las dos y media?

Tras afirmar con la cabeza, nos despedimos con un beso.

Ese día fue tan monótono como siempre, la única diferencia era que ahora cobraba más. Seguía pensando en mi Shelby. Deseaba que llegase el viernes para instalar los nuevos carburadores, ya que los que me habían mandado no correspondían a mi coche. Los que necesitaba yo, unos Holley de cuádruple cuerpo, llegaron aquel mismo jueves.

Una vez llegado el viernes me levante ansioso a trabajar, cómo si por madrugar y hacerlo todo más rápido acelerase el tiempo. Aparte, los viernes tenía también la tarde libre y mi chica no, lo cual suponía que podía trabajar en mi coche, sin molestarla a ella. Al salir de casa, por la mañana, me despedí besándola como de costumbre, ella me dijo:

- ¿Sabes que día es hoy?

- Claro, viernes, por fin podré poner en marcha el Shelby, llevo tanto tiempo esperándolo....

- Ah, que bien... -dijo ella, de manera forzada-.

El trabajo siguió la tónica de la semana, de vuelta a casa, comí lo que ella dejó preparado y me faltó tiempo para abalanzarme sobre el coche. Instalé los carburadores, los reglé para gasolina de 98 octanos y empecé a llenar el motor con aceite. Eché gasolina, cerré el capó y apreté los pines de cierre. Me quedé mirando aquel coche. Era espectacular. Luciendo con orgullo aquel color azul "Acapulco" con bandas laterales y longitudinales en blanco "Wimbledon". Las letras "GT500KR" en los laterales, la cobra amenazante enseñando los colmillos, el anagrama "Cobra Jet 428", las bandas blancas paralelas recorriendo longitudinalmente la carrocería. El mismo color de los Ford Gt40 de Le Mans del equipo Shelby American, y el mismo motor que ayudó a Henry Ford a vengarse de Enzo Ferrari. Era amenazante, imponente, imagino que al verlo por el retrovisor uno se sentiría intimidado.

Me senté en el coche, me abroché aquellos arneses que colgaban de la sencilla barra antivuelco que estaba tras los asientos delanteros sin interferir en los traseros, eran incómodos. Acaricié el cuero negro del asiento, disfruté de su olor, agarré aquel volante de aro fino de madera con la misma dulzura con la que agarraría a una bella mujer, incluso con mayor cariño. Miré a la cobra que presidía el centro del volante, ya me había picado, y sentía su veneno saliendo de sus colmillos que había hincado en mi lo más profundo de mi mente y que ahora corría por mis venas. Apreté el embrague, giré la llave de contacto con el pulso acelerado, rezaba para que no pasase con el Ritmo que, con suerte, arrancaba a la octava. Arrancó a la primera, parecía que el mismo Infierno estaba en mi garaje, aquel rugido sordo como el de un trueno que dejó pasó a un ronroneo al ralentí como el de una bestia salvaje. Le dí un par de acelerones en vacío, era como una droga, al acelerarlo sonaba como un avión aliado de la Segunda Guerra Mundial persiguiendo nazis por los cielos de las Ardenas. Entraba en un éxtasis, cada vez necesitaba más oír ese sonido, sentía como los carburadores aspiraban aire para alimentar aquel coloso de 428 pulgadas cúbicas. Me decía a mí mismo "El rey de la Carretera ha vuelto", le dí otro acelerón y grité, ¡¡¡¡Larga vida al rey!!!! mientras la aguja del cuentarrevoluciones volvía a visitar la zona roja del tacómetro. En ese instante noté que mi novia había vuelto, me miraba preocupada desde la puerta interior del garaje. Apagué el coche con una sonrisa enorme.

- La cena está lista...

- Ya voy ahora.

Había preparado mi plato favorito, Lasagna, la suya era excelente. Era una cocinera estupenda, teníamos un quid pro quo, ella cocinaba, yo como no sabía, fregaba. Durante la cena ella volvió a preguntarme si sabía en que día estaba, le dije que no. Un gesto frío recorrió su cara, dejó de cenar, se levantó con un gesto triste:

- Me voy a la habitación, no me encuentro bien.

Me quedé recogiendo los platos. Al acabar subí al dormitorio, allí estaba ella, al verme se giró, sonriendo y con lágrimas asomando a sus ojos después de leer la carta que le había dejado sobre la mesilla de noche, dijo:

- Sabía que no te olvidarías de que día era hoy.

- Te prometí que jamás olvidaría la fecha de nuestro aniversario, ¿Has visto el cajón de tu mesilla?

- No. Al decir eso, lo abrió y encontró el pequeño estuche envuelto en papel de regalo rojo que había dejado allí al llegar a casa. Su cara se iluminó al ver aquellos pendientes. Son preciosos, dijo, ¡me encantan! y me besó.

Al día siguiente, sábado, saqué el coche a la calle, lo aparqué delante de mi casa, se veía desde el salón. descorrí la cortina y lo miré a través de la ventana. Estaba precioso, con aquellos reflejos de luz, más de un vecino salió a la calle a ver que era aquel artefacto que hacía tanto ruido. Ella se acercó y dijo:

- a la tarde vamos a dar una vuelta en él, ha quedado imponente.

Asentí con la cabeza, y sonreí, ciertamente, el Shelby era brutalmente hermoso.

LOT-124-1968-SHELBY-GT500-KR.jpg

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Capítulo 4: El desafío

 

El olor a comida recién hecha me sacó de mis pensamientos, llevaba casi una hora mirando al Shelby a través de la ventana. Veía como los vecinos se acercaban a el con curiosidad, a los niños y no tan niños haciéndose fotos a su lado...

Después de comer, y tras la siesta de rigor, mi chica me dijo de ir a dar una vuelta con el coche, acepté. Mientras ella se duchaba abrí el armario para coger mi ropa, una camiseta de Iron Maiden, unos vaqueros negros, mis zapatillas Converse con llamas de fuego, y la cartera que venía con una cadenita cromada. Daba gusto ponerse la ropa que uno deseaba tras toda una semana llevando traje y corbata. No me molestaba ponerlo, pero no me sentía yo mismo. Ella entró en la habitación, envuelta en una toalla, dispuesta a vestirse, pero me echó de la habitación al grito de "déjame vestirme a mi aire, que siempre me metes prisa". Bajé al salón a esperar, cogí una revista de coches clásicos (la espera tenía pinta de ser larga) y empecé a leerla. El ruido de unos tacones bajando las escaleras me apartaron de la lectura, que para ser sincero no había cronometrado, me giré y me quedé sorprendido con aquella visión.

- ¿Quién eres tu?

- Pues supongo que a quien tú estás esperando, digo yo...

- Me temo que no, estaba esperando a mi novia, pero tu eres una diosa, ¿qué has hecho con mi novia?

Ella se echó a reír, pero estaba espectacular, llevaba un vestido negro corto, de tiras, y unos tacones que hacían ver que sus piernas eran aún más largas de lo que en realidad son. Su pelo rubio suelto, y se había maquillado, estaba radiante. Le ofrecí mi brazo y salimos hacia el coche, le abrí la puerta, entré y lo encendí. Aquel rugido hizo que varios vecinos salieran de sus casas para ver qué demonios hacía tanto ruído. Unos niños se quedaron mirando embobados al Shelby, le di un par de acelerones en vacío, se quedaron estupefactos, y me animaban a acelerar más. Casi se quedan sin cuello al vernos pasar. No íbamos con un rumbo marcado, paseábamos con la música de fondo de mi V8 y las quejas de mi chica por lo incómodos que eran aquellos arneses. De pronto, pasamos cerca de un polígono industrial, entré en él, eran las ocho de la tarde y no había ningún movimiento, hasta que el sonido a techno y música electrónica variada se hacía más cercana. Vi a un grupo de cuatro chavales alrededor de un Hyundai Coupé V6 que tenía el maletero abierto. Nos dirigimos hacía allí, cuando estábamos a unos cien metros del coreano empecé a hacer una quemada hasta que me puse en paralelo al grupo de dos chicos y otras tantas chicas que estaban allí. Dí unos acelerones al aire -por si acaso no me viesen- mientras mi chica me preguntaba:

- ¿qué haces?

- Nada, que hoy éstos nos invitan a cenar, ¿hace una carrerita?

Ella sonrió y asintió, era raro, siempre me pedía prudencia, aquella mujer no era mi novia. Miré al grupito de chavales con cara desafiante, todos llevaban unos peinados imposibles, salvo un chico que llevaba gorra, los vaqueros por el medio del culo y la cara llena de piercings. una de las chicas mascaba chicle con la boca abierta. Viendo las caras de ellos, dije:

- Bonito cacharro, seguro que pilla los 120...

- Eh, pero tu de que vas, julay, cómo vienes aquí amenazando al **** amo, dijo el chico de gorra.

- Atiende "gasofa" -dijo el otro al de gorra- que el buga es del **** amo, y lo tengo tó ciclao y voy a destruir al patillas ese

Estaban hablando un idioma desconocido para mí, se parecía mucho al castellano, pero era de díficil comprensión.

- Mira chaval, si quieres correr, corremos, pero si no hay pasta no me interesa perder el tiempo corriendo contra un kart como el tuyo. Mi chica me miró sorprendida. Era una victoria cantada, por muy retocado que estuviese aquel V6, lo habían estropeado con mas de 100 kilos de fibra mal puesta.

- Bua chaval, ¿kart?, tu no sabes quien es el **** amo, te voy a destruir.

- Bla, bla, bla ¿y el dinero que?

- vale tio, ¿que te parece quinientos napos?

-Perfecto

Mi chica empezó a gritar, entre los dos no llevabamos más de cien euros, pero aquello iba a ser divertido, sobre todo para mi. El del hyundai, eligió una carrera de 400 metros, pobre idiota. Mientras una de las chicas -la del chicle- se ponía en el punto de salida, empecé a oír unos acordes conocidos en la radio, aquella canción era "Ace of Spades" de Motörhead.

Ya estabamos emparejados los dos coches, la chica señaló al hyundai, que aceleró, luego a mí, aceleré, subió los brazos, miré de reojo a los tíos del Hyundai y vi como la chica bajaba los brazos. Aceleré, primera, segunda, sentía como el eje delantero se levantaba, tercera, y al desaparecer la nube de humo pude ver la matrícula de aquella horterada coreana y a sus tripulantes con la boca abierta hasta las rodillas. Seguí acelerando, mi chica estaba aplastada contra el asiento con cara de miedo. Nada podría contra el Rey de la Carretera, cuando miré al velocímetro íbamos a mas de 180 por hora. Lllegamos a la meta con mucha ventaja, tiré del freno de mano, aceleré y dediqué un bonito donuts a los del hyundai. Cuando el humo cesó bajamos del coche, el chico de la gorra me dijo:

- Joder, cómo corre tu buga colega, por lo menos lleva un V6...

- Nada de eso, un V8 de 7000 centímetros cúbicos y casi quinientos jacos. Miré a su amigo y dije: Tu y yo tenemos que hablar de negocios...

- Claro colega, aquí tienes tu pasta, menudo pieza estás hecho...

Mientras contaba el fajo de billetes, el chico de la gorra le dijo a su amigo:

- Debe tener pasta el patillas ese, mira pedazo buga tó a full de power que lleva y mira a su churri, que buena está, esas tetas son ciclás fijo. Levanté la cabeza del dinero y les eché una mirada amenazante, se sonrojaron y se fueron en el coche.

Me subí al coche y esperé a que mi "churri con las tetas ciclás" -según aquellos chavales- me echara la bronca, pero no lo hizo, estaba sonriendo:

- ¡¡¡Waw, eres una máquina, que emoción!!!.

- Gracias, ¿has pasado miedo?

- No, ¡fue espectacular!.

- Bueno, vamos a cenar a un sitio caro, que invitan esos dos...

Fuimos a un restaurante que conocía bien. servían los mejores platos de pescado, marisco y carne en muchos kilómetros a la redonda. Ella pidió unas almejas de primero y lubina de segundo. Yo me conformé con una tabla de ibéricos y un chuletón de buey de un kilo -las emociones dan hambre-. No podía dejar de mirarla, tenía una sonrisa especial.

- Rebeca, ¿estás bien?

- Sí, claro, la cena está estupenda, y esta tarta de fresas, uhmmm...

- no es eso, te noto algo diferente...

- Ahh, es que hacía tiempo que no me arreglaba tanto, y hoy fue un día muy especial, sobre todo la carrera. Fue una buena forma de romper la monotonía. Ay, y todo gracias al Shelby. Me arrepiento de haber tenido celos de él jajaja.

Esa era la clave, el coche, yo también me sentí rejuvenecer, al verla a ella volvía a ver a aquella chica de diecinueve años de la que aún hoy sigo enamorado y que estaba cenando conmigo tras ocho años de noviazgo. hacía mucho tiempo que no la veía sonreir de esa manera. La rutina estaba empezando a aburrir nuestras vidas.

Al llegar a casa, abrí una botella de cava, le ofrecí una copa, y levanté la mía:

- ¿Por que brindamos? me preguntó.

- Por nosotros.

- Por nosotros, dijimos al tiempo que el tímido "clinc" del cristal de nuestras copas parecía querer presidir la conversación.

Subimos al dormitorio, me senté para descalzarme, de pronto ella conectó mi iPod a los altavoces de la mesilla, lo encendió y buscó una canción, mientras no sonaba, ella me miraba sugerentemente. Empezó a sonar, era "touch too much" de AC/DC.

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Sin dejar de sonreir se acercó a mí, me empujó hasta tumbarme en la cama y se puso encima de mi. Intenté decir algo, me lo impidió. Puso su dedo índice sibre mis labios diciendo:

-Ssssshhhhh, no lo estropees ahora. Cállate y bésame. Tras decir eso se mordió suavemente el labio inferior, mientras intentaba quitarme la camiseta.

Me dejé llevar y deslicé la cremallera de su vestido, acaricié su espalda desnuda con mis manos, que iban descendiendo hasta su cintura, la rodeé apretándola contra mí. Miré a sus hermosos y brillantes ojos negros, sonreí y la besé apasionadamente, como si aquella fuese nuestra última noche sobre la Tierra.

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